Soy tierra fértil y soy el agua que la nutre

Soy tierra fértil y soy el agua que la nutre

Soy tierra fértil y soy el agua que la nutre.

Desde que estaba embarazada supe con firmeza que quería amamantar pues es el medio que la naturaleza me ha regalado para alimentar a mi hija, sin embargo, nunca imaginé todo lo que mi pecho puede crear y significar en nuestra relación.
A casi 4 meses de que Maya nació no dejo de conmoverme y maravillarme al ver brotar la leche de mi pecho; me hago consciente de la perfección en mi cuerpo para producir tan mágico regalo y me siento segura, confío en mi y en mi capacidad de ser madre.
He descubierto que la lactancia afianza nuestro vínculo, pues no es sólo alimento, son miradas, abrazos, el contacto de nuestra piel, Maya y yo nos hacemos cómplices.
Ella me necesita y yo estoy ahí para ella, para protegerla, hacerla sentir segura, darle paz y alegría ¡¡ no hay cosa que yo disfrute igual como ver su carita sonriente y su boca grande al ver mi pecho, dispuesta a comer!!
Mi pecho y mis brazos son su hogar y su mejor medicina, lo redescubro en estos días que ha estado algo enferma y quiere pasar más tiempo en mi pecho. Mientras la abrazo me doy cuenta como mi cuerpo transforma mi leche por unas rica en defensas para proteger y fortalecer a mi hija, al mismo tiempo que la alimento con mi mirada y mi calor. Estoy segura de que esto la reanima, pues nadie pide lo que no necesita; a ella nadie la ha enseñado a buscar amor cerca de mí, lo hace sabiamente porque está conectada con su naturaleza, ella sabe y yo estoy dispuesta a dejarme llevar por su ritmo para satisfacerle ¿qué más puedo darle a mi hija sino mi amor y protección? además al hacerlo también es un regalo para mí, me encuentro conmigo: con mi ternura, paciencia y mi capacidad de dar.

Creo que la naturaleza es perfecta y nos ha regalado este modo de relación con nuestros hijos, donde “casualmente” nuestros pechos están cerca de nuestro corazón para que cada vez que tenemos a nuestro bebé cerca bajemos nuestra mirada y sintamos nuestro latido, escuchemos nuestro corazón.

Porque si he sido tierra fértil para dar vida, sé que también soy el agua para cuidarla y nutrirla.

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