El poder sagrado de la menstruación

resignificar la menstruación

El poder sagrado de la menstruación

Han pasado 2 años y 5 meses, exactamente 29 lunas desde mi última menstruación, aquella última con la que esa noche de goce me embaracé, aquella que no me visitó durante estos meses mientras he estado en complicidad con mi hija en el pecho disfrutando de la lactancia, y esta que hoy a 3 días de cumplir 30 años me regala paz y me sorprende con su visita. Ya la esperaba ¡deseosa y curiosa! -como aquella adolescente que a los 12 años la conoció por primera vez, que sentí alegría porque me convertía en mujer y  tristeza cuando supe que la menstruación sólo duraba un años, pero que después quise tapar porque en la sociedad aprendí que menstruar apesta y avergüenza- sólo que esta vez no soy esa adolescente, soy esta mujer y esta madre y he recibido mi sangre con una sensación diferente pues he reconocido mi sangre desde el placer y la gratitud; me he regocijado en mi cuerpo mientras lo sentía en la ducha, porque ahora me conmuevo y vibro con su verdad; mi sangre menstrual es la gran sabiduría de mi cuerpo de mujer hablándome y mostrándome mi camino fértil; es la posibilidad de un nuevo comienzo y me doy las gracias porque ahora yo le escucho y le respondo con deseo y respeto. Me amo, me he liberado y me he reconciliado con quien soy.

Esta nueva menstruación me ha llevado reflexionar sobre el tabú que es para tantas mujeres y sobre cómo yo la viví durante tanto tiempo, cuando era joven, incluso hace unos pocos años atrás a pesar de estar conectada fuertemente con una parte de mi feminidad, me relacionaba con mi menstruación desde el fastidio, el no deseo e incluso desde el asco y el miedo, me sentía sucia; vivía mi regla como si fuera una intrusa, jamás siendo bien recibida y mucho menos con deseos de que se instalara los días que necesitara para purificarme. Ignorarla, rechazarla y maldecirla es lo mejor que podía hacer, sintiendo alivio cada vez que se iba y enojo cada vez que llegaba; recuerdo bien el fuego que sentía en el pecho cada vez que se acercaba mi día para menstruar, era un fuego que me quemaba y que me hacía querer que a mi alrededor ardiera todo y como quería alejarme de la gente mientras menstruaba

Durante muchos años viví como enemiga mi menstruación (teniendo un pensamiento en este memomento ¿a caso mi menstruación no es parte de mi cuerpo? si yo era enemiga de mi cuerpo, definitivamente esa era la relación que tenía conmigo misma) al grado de sentir una ansiedad terrible cada vez que tenía la clase de Educación Física y tenía que ponerme el estúpido pantalón blanco, aquel que una vez manché en la escuela y me hizo ser el motivo de burlas y comentarios por parte de mis compañeros, aquel por el que durante años me puse 3 licras apretadas encima del calzón, para evitar mancharme la ropa aunque me estrujaran las piernas y al final del día me dolieran. Aquel día por él que me avergoncé de mí misma y me volví rígida en mi cuerpo, aprendiendo a vivirlo con vergüenza, rechazo y manipulación– de hecho para un viaje que tenía planeado a la playa durante unos meses antes usé las pastillas anticonceptivas a mi antojo, para alargar mi periodo en un mes y que el siguiente cayera en otra fecha y así evitar que justo me bajara en el dichoso viaje – sé que para algunas hacer esto parece lo más sensato e inteligente porque ¡obvio hay que disfrutar de las vacaciones en “plenitud!”, lo pensé así y por eso lo hice, pero ¿quién dice que menstruar es joder a la mujer? ¿por qué nos hacemos esto? ¿por que no aprendemos que la vida también se disfruta menstruando? Ahora que comprendo que mi menstruación es sabiduría que me conecta con el poder de mi cuerpo, me arrepiento por haberme rechazado de esa forma, por despreciar la belleza de la naturaleza de mi cuerpo y me perdono por haberme metido tantos químicos y jugado así con mi cuerpo sin dejar que fluyera en su manera sana y natural. Me perdono porque ahora me doy cuenta que relacionarme así con mi menstruación era otra forma de relacionarme conmigo misma, de rechazar la sabiduría de mi cuerpo, de evadirme y vivirme acomplejada, de darme asco, de estar malhumorada e incómoda conmigo porque aprendí que menstruar es un defecto ¿tu como lo vives?

Es triste saber que como mujeres aprendemos a relacionarnos con nuestro cuerpo desde el rechazo y el asco, a luchar contra nosotras mismas y que podemos pasar toda una vida sintiendo un vacío en nuestro corazón, vibrando nuestros cuerpos con insatisfacción y luchando por encontrar la perfección y la verdad en el exterior, pero aunque mucho lo intentamos, parece ser que nada es suficiente y no sabemos el porqué si lo hemos hecho todo. Como mujeres modernas vivimos tan conectadas a la ciencia, a la tecnología y la comodidad, al no descansar y al deber hacer, que estamos completamente desconectadas de nuestra naturaleza salvaje, de nuestros ciclos que nos muestran una verdad profunda sobre nosotras mismas, ignoramos y desconfiamos de nuestro instinto y evadimos el goce de nuestro cuerpo. Sin darnos cuenta, a través de las mujeres de nuestra vida y como mujeres que somos que también comparten con las siguientes generaciones, clavamos en nuestro inconsciente la idea de tener un cuerpo imperfecto y así aprendemos a relacionarnos con él y con nosotras mismas: todo aquello que de manera natural y sabia tiene que ver con el goce de nuestro cuerpo de mujer lo vivimos como impuro y que está relacionado con el dolor y la vergüenza: nuestra menstruación duele y es asquerosa, perder la virginidad nos duele y además sin ella perdemos nuestro valor de mujer; parir duele debe, darnos miedo y hay que huir de él; la lactancia duele y que vergüenza que para alimentar a nuestros bebés debamos enseñar los pechos “¿qué no tenemos pudor?” Aprendemos que estos eventos místicos y reveladores de nuestra vida, los cuales nos entregan nuestra potencia de mujer, son implacenteros y que por mala suerte nos toca vivirlos. APRENDEMOS A RECHAZAR EL PLACER DE NUESTRO CUERPO Y A VIVIRLO CON DOLOR Y RECHAZO COMO ALGO NORMAL.

Me niego, me niego a seguir escuchando esta verdad que no concuerda con la esencia de mi cuerpo de mujer.

Mujer, deja de mirar afuera que la respuesta es sencilla y está en tu cuerpo; en tu valentía para resignificarte y apreciar tus ciclos de mujer ¡vamos, que no están ahí para joderte la vida! Son sabiduría que te regala tu cuerpo para recordarte que el poder de la naturaleza salvaje te habita ¿has visto de todo lo que la naturaleza es capaz? pues de eso estás hecha. Tus ciclos están en ti para que a través de ellos te escuches, te renueves, te respetes y te honres, te conectes contigo misma y aprendas a vivir desde el goce.

Doloroso es que nos permitamos como mujeres aceptar este mundo que no comprende la feminidad y al evadirla nos hagamos sus cómplices juzgando a otras mujeres cuando tienen la regla: porque se les ve el hilo del tampón o la toalla “que corriente” “que vulgar” “que sucia” “¡le debería dar verguenza!”. Triste es que entre mujeres criticamos a aquellas que abren el tabú y hablan de sus cuerpos porque consideramos que es un tema “privado y personal” y que las llamamos “locas por hacerlo”, pero que sin darnos cuenta ellas están hablando de una herida que como mujeres compartimos la mayoría pero que no todas nos atrevemos a tocar. Creo firmemente que la sabiduría se enriquece entre mujeres y por eso lo digo abiertamente, con alegría, goce y honra ¡HOY HE MENSTRUADO Y CON ESTE PODER SEGUIRÉ REGANDO MI VIDA!

Me niego rotundamente a sentir vergüenza de mi esencia de mujer, me niego a seguirme escondiendo y vivir con dolor emocional mi menstruación pensando que hay algo erróneo en mí por menstruar o que estoy loca cada vez que lo hago; me niego a seguir alimentando una herida que ni siquiera es mía porque me reuso a creer que mi cuerpo de mujer es estúpido y por eso sangra; me niego a sentir vergüenza porque sangro y dejar de vivir porque estoy en “esos días”. Reconozco mi sangre como el flujo de la vida, el recuerdo de mi sabiduría y mi poder creador; mi capacidad para vivir inicios y finales y mi poder para manifestarlos en cualquier área de mi vida; me niego a enseñarle a mi hija que su sangre es sucia, asquerosa y razón de displacer; me niego a enseñarle que debe vivirse con pudor y vergüenza, porque sin esa sangre no hay fuego, no hay creación y no hay vida.

 

2 Comments
  • Mirian Gtz
    Posted at 20:09h, 28 marzo Responder

    gracias por compartir Xime! me encanto la ultima frase, sin esa sangre no hay fuego, no hay creación y no hay vida. espero que muchas mujeres lo lean. lo comparto.

    Saludos

    • grandiosayoga
      Posted at 11:56h, 06 abril Responder

      ¡Miri,que gusto saber de ti! Gracias por compartilo, bonita. Te mando un abrazo bien grande 😀

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