Adiós a Barcelona: la ciudad donde renací como mujer. México ¡aquí te voy!

Yoga postparto en bucerías

Adiós a Barcelona: la ciudad donde renací como mujer. México ¡aquí te voy!

Hace 7 meses que mi pequeña familia y yo hemos dejado la bella Barcelona para regresar a nuestro país natal, México. Tantos cambios en tan poco tiempo han representado una mezcla agridulce en mí, pues por una parte he sentido alegría e ilusión de volver a estar en casa cerca de nuestras familias, de tener el calor y el sostén de las mujeres de mi vida; darle a mi hija la posibilidad de vivir cerca de sus abuelos y tías para que pueda crear un vínculo con ellos-  sí eres madre que vive lejos de su familia estoy segura que me entiendes- creo que de alguna forma desear que estén cerca de nosotras es sentir que pertenecemos a algún lado y que ahí podemos enraizarnos y sentirnos cobijadas, después de todo, nosotras hacemos eso todo el tiempo con nuestros hijos y es verdad que también necesitamos ser maternadas, o al menos es así como lo he vivido. Y por otro lado, diferente a esta alegría de regresar, he sentido gran tristeza de dejar la ciudad donde con pasión me embaracé y con deseo parí y nació mi preciosa hija.

Las madres necesitamos tribu

Barcelona es para mí una especie de Gran Madre pues más que una ciudad la viví como un potente y revelador que me abrió las puertas a la verdad sobre quién soy; que a través de mis días viviendo en ella me permitió conocer la fuerza y la valentía que antes no conocía en mí; es el lugar donde descubrí cómo vivirme libre, salvaje y plena. Es la ciudad que me empoderó como madre, como mujer y como profesionista y donde por amor propio y a mi hija tomé las riendas de mis necesidades y decidí emprender, perdiendo el miedo a vivir de mi pasión y a creer en mí que SÍ puedo hacerlo. Recuerdo con fascinación mis días allá y me doy cuenta que desde el primer día me dio el regalo de estar rodeada de mujeres y que ellas sin saber quiénes éramos mi esposo y yo, nos abrieron las puertas de su corazón y se convirtieron en amigas entrañables. ¡Conocí mujeres bellas por todos lados! en mi trabajo como doula y profesora de yoga prenatal y postparto; en mi vida como madre que ríe, llora, goza y se libera compartiendo con otras “locas” como yo que viven en el planeta mamá, que se regocijan hablando de sus bebés y lo perfectos que son, de cómo les han crecido los pechos con la lactancia y les han desaparecido las pompas después del parto; que ríen al hablar de las maravillosas caquitas que hace su bebé y se entristecen al pensar en lo complicada que es la vuelta  al trabajo; madres que se convirtieron en mi tribu y que hicieron más suave mi vida allá pues muchas veces lo que más añoraba era el calor de mi familia que estaba tan lejos pero ahí estaban ellas para sentirme abrazada y comprendida. Mujeres y más mujeres que me acompañaron en mi formación como doula y asesora en lactancia, y que se convirtieron en cómplices, guardadoras de secretos, consejeras y amigas. Cuando pienso en Barcelona definitivamente siento el ¡fem-power, fem-flow! y aunque tener que soltar este regalo ha sido muy doloroso para mí, también ha sido una enseñanza de confianza y cariño; pues de alguna manera siento que aún en el otro lado del mundo todas estas mujeres están conmigo y confío en que ahora en Puerto Vallarta/Bucerías, donde estoy viviendo, también recibiré este bello regalo.

Nuevas etapas de maternidad y yoga en Bucerías

Resumiendo la locura que fue no parar con la mudanza durante varios meses, las despedidas con mis amigas y alumnas tan queridas, el cierre de mis clases de yoga, prepararme para el largo viaje en avión, la búsqueda de casa y nuestra adaptación a la nueva ciudad -que por cierto, sólo de escribirlo y recordarlo me agobio porque fue un periodo de mucha velocidad y estrés- no se compara en nada con el cambio más grande que he experienciado en estos meses: percibir la rapidez del tiempo y darme cuenta cómo con él se ha ido mi bebé pequeña, la que llegó a México hace 7 meses aprendiendo a caminar dando pasos chiquititos con las piernitas temblorosas y tropezándose constantemente. Me siento ambivalente al darme cuenta que mi hija ahora es una niña de casi 2 años que no sólo camina segura y firme moviéndose de un lado al otro sin parar, que se divierte imitándonos a su padre y a mí cuando hacemos yoga, regalándonos momentos de risa y ternura;mi pequeña ya no sólo balbucea y usa su propio idioma que por cierto ¡es divertidísimo! sino que ahora también repite palabras que nosotros decimos y ¡su vocabulario es enorme! y ni que decir que tenemos que cuidarnos de no decir las divinas groserías ¡porque vaya esponja que es esta niña! Crece, crece y no se detiene y, junto con su evolución en estas últimas semanas, por primera vez surgió dentro de mí la certeza de ver a mi hija lista para entrar a la escuelita y sentirme preparada para separarme de Maya.

Y como madre ¿cómo me siento frente a tanto cambio?

Tomar la decisión de que mi hija entrara a la escuelita al inicio para nada fue fácil, pues hemos vivido 21 meses juntas en todo momento y todo lugar y cuando digo TODO, es real, tenía meeeeses que no me bañaba sola o sin prisa porque ella me estuviera esperando afuera; había olvidado la dicha de poder ir al baño sola y “hacer lo mío” sin escuchar un grito desesperado “¡mamáaaa!”. Entre muchas cosas que hemos hecho juntas me encanta pensar en que ella ha sido mi socia y colega pues en cada de yoga que impartí, durante más de un año ella estuvo ahí endulzando el lugar con su presencia, sus gateos y sus sonrisas. Y sí, me da tristeza saber que estamos cerrando este ciclo, que esos días inseparables están cambiando y que nuestra relación comienza a tomar otro rumbo en el que tal vez estar conmigo ya no es todo lo que necesita y que compartir, jugar, divertirse y explorar con otros niños es lo que quiere ahora, aún cuándo eso representa estar lejos de mí, y la verdad es que también me hace ilusión saber que está haciendo amigos, que está aprendiendo cosas nuevas y que es una oportunidad para mí de conocer otras madres y comenzar a hacer amigas ¿no?

¿Qué puedo decir? llevamos sólo unas semanas en esta transición y parece que ella está muy adaptada, lo noto cuando cada vez que la dejo en la puerta, me da un beso y me sonríe con mi promesa de volver por ella en unas horas, se queda tranquila y con su manita me despide diciéndome “bye mami” y aunque siento un pellizco en el corazón cuando se da la vuelta y se marcha, al mismo tiempo me siento feliz y plena porque veo seguridad y alegría en mi hija, y gracias a esto es que en vez de sentirme triste o echarme la culpa por dejarla siendo aún pequeña, estoy aprendiendo a agradecerme y reconocer lo bueno que he hecho como su madre; pienso en las semillas de amor, confianza y seguridad que he plantado dentro de ella, no solo en ella misma sino en el vinculo de madre e hija que juntas hemos creado y sí, sin vergüenza a decirlo, me siento orgullosa.

Siento que como mujer-madre poco a poco voy asomando la nariz a la superficie…

Y claro que no digo que todo es mil sobre hojuelas, pues aunque cada día voy digiriendo este cambio y retomando mi rumbo, el reencuentro conmigo comienza a ser un reto nuevo en cual me siento extraña. Es difícil cada mañana cuando de regreso de dejar a mi hija venir sola en el coche callada, sin jugar a cantar como loca para distraerla y hacer más divertido el camino; me siento sola al llegar a casa y escuchar su silencio mientras pienso cómo la estará pasando sin mí y se me forma un nudo en la garganta cuando siento los pechos llenos, que con nuestra sincronía perfecta, me avisan que en este momento ella necesita de mi, que seguramente quiere estar conmigo y que si estuviéramos juntas en este momento ya la estaría alimentando con mi cuerpo, ¿me extrañará? Emocionalmente me siento como si después de un viaje largo hacia mi interior, de vivir con gran intensidad mi maternidad y la vida de mi hija, ahora estuviera comenzando a asomar la nariz a la superficie del “mundo real” pero me siento perdida, no tengo claro cómo era mi mundo antes ¿qué hacía conmigo y mi tiempo antes de ser madre? ¿cómo era ser responsable solo de mí?, ¿cómo organizaba mis días? Porque tengo claro que es lo que quiero hacer, y eso a veces incluye sólo tirarme en la cama y recuperar energía jaja, pero desde hace meses tengo mis proyectos visualizados y confiaba en que cuando tuviera tiempo sería el momento, pero ahora que aparentemente tengo tiempo estoy confundida, no sé por dónde comenzar, las horas pasan rápido y continuo en el mismo lugar; como escribir este artículo que llevo preparando hace semanas y que por más que intento no lo había podido terminar…

Y así estoy desde hace unas semanas, procesando, reconstruyendo, organizando… saliendo a la superficie y armándome de valor para volver a comenzar.

Y hablando de organizarme me despido porque se me quema quema el arroz y tengo que salir corriendo por mi hija a la escuela que ¡muero de ganas de verla!

Gracias por leerme y si ya llegaste hasta aquí, te invito a que me cuentes en los comentarios ¿cómo has transitado tus cambios de mujer-madre? 🙂

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